El número de atentados se ha multiplicado por diez desde el año 2000. Las fuerzas del orden y las agencias de inteligencia están desbordadas. Los gobiernos buscan refuerzos. Por Carlos Manuel Sánchez

Informáticos, psicólogos, genetistas, matemáticos… se han unido a la lucha contra el terror.

Se llama Palantir y vale veinte mil millones de dólares, pero muy pocos saben a qué se dedica esta empresa tecnológica, la cuarta más valiosa del mundo en la lista ‘Fortune’ de unicornios-las ‘start-ups’ que valen más de mil millones-, solo por detrás de gigantes como Uber, Xiaomi y Airbnb.

Su negocio es tan secreto que solo hay una manera de saber qué hace y para quién. las filtraciones. Así se supo que entre sus contratistas hay una docena de agencias del Gobierno de Estados Unidos; entre ellas, la CIA, el FBI y los Marines. O que su filial Palantir Gotham ha desarrollado un software de minería de datos que permite establecer vínculos entre números de teléfono, listas de amigos en Facebook, movimientos de tarjetas de crédito, fotos subidas a Instagram, direcciones, hashtags… Se especula que la ayuda técnica de Palantir fue decisiva para localizar a Osama Bin Laden. Pero muy poco se conoce a ciencia cierta. Un manto de confidencialidad rodea a esta compañía fundada por Alex Karp, un excéntrico doctor en Filosofía, y Peter Thiel, el millonario cofundador de Paypal, «con el objetivo de prevenir el terrorismo mientras se salvaguardan las libertades civiles».

Antiguos ingenieros de la NSA se han convertido en los nuevos emprendedores. 

Palantir ejemplifica como nadie dos tendencias. Una es que la seguridad antiterrorista se ha convertido en el nuevo nicho de negocio para las compañías privadas, en especial desde los últimos atentados en suelo francés y estadounidense. Palantir fue capaz de captar 500 millones en su última ronda de financiación. Hay codazos de los fondos de inversión, que no quieren perderse su trozo de pastel. La otra es que Silicon Valley, tradicionalmente alérgico a las injerencias gubernamentales -baste recordar cómo se las tuvieron de tiesas Apple y el FBI a propósito del desbloqueo del iPhone de uno de los terroristas de San Bernardino-, ha descubierto que es capaz de hablar un mismo lenguaje con el Pentágono y, de paso, con Wall Street. el del dinero. Moshe Hogeg, presidente del fondo Singulariteam, lo resume así. «Los gobiernos están buscando el apoyo de la tecnología para proteger a sus ciudadanos. Aquí está la gran oportunidad. Las start-ups que aporten soluciones crecerán en 2016».
Pero surgen las dudas. La tecnología nos salvará? De verdad podemos reconocer a un terrorista usando la inteligencia artificial? El big data previene atentados? Se puede desprogramar la mente de un fanático? La guerra contra el Estado Islámico puede ganarse con la ayuda de algoritmos y robots?

‘Fuga de cerebros’ al sector privado: la seguridad es el nuevo negocio

Los gobiernos están desconcertados. ¿Qué está fallando para que el número de atentados se haya multiplicado por diez desde principios de nuestro siglo, pasando de 3329 en el año 2000 a 32.658 en 2014, según el último informe del Índice Global de Terrorismo? ¿Las fuerzas del orden y las agencias de inteligencia están desbordadas, quién les puede echar una mano?

Científicos y técnicos han dado un paso al frente. Informáticos, psicólogos, genetistas, matemáticos… Disciplinas como la biometría, la sociología, la resonancia magnética del cerebro, la criptografía, la robótica… ¿Pero no es pecar de optimismo pensar que nuestras universidades y laboratorios puedan ayudar a predecir y frustrar las acciones de un terrorista?
Además, nada sale gratis. La Agencia Nacional de Seguridad (NSA) norteamericana es la prueba. La NSA se ha convertido en el gran vivero de las nuevas firmas tecnológicas volcadas en el contraterrorismo. Sus antiguos empleados son los nuevos emprendedores. Gozan del mejor entrenamiento y los mejores contactos. Abrió la veda el mismísimo general Keith Alexander, exjefe, que poco después de retirarse fundó IronNet, una consultora de ciberseguridad. Los ingenieros que estuvieron a sus órdenes -la mayoría, veinteañeros- han creado start-ups como Morta Security, Area 1, Synack o Virtru, las cuales están captando millones de los fondos de capital.

El programa Skynet: se ha estado utilizando en Pakistán y es puntero

Aunque la fuga de talento es real, la NSA sigue estando en primera línea. Es la más avanzada en el uso de algoritmos para monitorizar el big data. Se ha estado curtiendo en Pakistán con el programa Skynet, que utiliza los metadatos de geolocalización de los móviles y sus registros de llamadas. No es muy diferente de los algoritmos que usan Google y Facebook para rastrear nuestras búsquedas y ‘colarnos’ anuncios a la carta.

Un algoritmo ya identifica a los encapuchados analizando sus dedos, gracias al signo de la victoria que muestran en sus videos

El problema es que sus criterios para declarar a alguien sospechoso son muy vagos. La NSA alega que el índice de falsos positivos es solo del 0,18 por ciento. Pero sus detractores hacen cuentas: con ese porcentaje de errores, y dado que la NSA tiene vigilados al menos 55 millones de teléfonos, potencialmente meterá la pata 99.000 veces. Además, ¿qué hace con esos datos? ¿Le sirven para lanzar ataques de drones? Estados Unidos ha matado a unas 4000 personas en Pakistán desde 2004 con bombardeos ‘personalizados’. Por cierto, que China acaba de anunciar una tecnología ‘antidrones’. Parece un cañón, pero se trata de una baliza que lanza una señal que bloquea el GPS de los drones y apaga sus cámaras.

El programa MonsterMind: ataca sin superivsión humana

El nuevo proyecto de la NSA se llama MonsterMind. Un sistema que detecta y neutraliza ataques a los sistemas informáticos estadounidenses y lanza un contraataque automático. Lo inquietante es que no necesita órdenes directas de un ser humano. La máquina valora la contundencia de la respuesta. Europol también ha creado una célula de big data. Solo los atentados de noviembre en París generaron 1,1 millones de pistas que las computadoras analizaron.

El programa Faception: detecta a los terroristas por su rostro

En realidad solo estamos en los albores de un tipo diferente de guerra, con nuevas reglas, armamentos y escenarios, tanto físicos como virtuales. Y las novedades van tan deprisa que apenas tenemos tiempo de pararnos a pensar lo que funciona, lo que no funciona y lo que habría que cuestionarse aunque funcione.
Por ejemplo, la inteligencia artificial de reconocimiento facial, que analiza fotos y decide si alguien es un terrorista por la forma de sus ojos, sus mejillas o su boca ya está en el mercado. Faception, una start-up israelí, ha firmado un contrato de 750.000 dólares con una agencia de seguridad nacional estadounidense para detectar a los terroristas por su rostro. El algoritmo funciona en tiempo real, analiza imágenes subidas a las redes y vídeos en streaming.
El análisis biométrico es una tendencia al alza. Investigadores de la Universidad de Jordania han desarrollado otro algoritmo capaz de identificar a los encapuchados que hacen el signo de la victoria en los macabros vídeos del ISIS, aplicando unos parámetros -ángulo, longitud de los dedos…- y cruzándolos con los archivos policiales.

Un ingeniero ha creado una pistola que solo funciona con su legítimo dueño

Nuestras huellas ‘biométricas’ también pueden servir para la prevención. El 75 por ciento de las armas utilizadas en tiroteos y masacres en Estados Unidos son robadas. Michael Recce, antiguo ingeniero de Intel, ha diseñado pistolas que reconocen a su legítimo propietario por la manera de empuñarlas, apuntar y aplicar la presión del dedo al gatillo, de manera que se bloquean si no identifican a su dueño. La tecnología se puede adaptar a los rifles de asalto, el arma favorita de los islamistas.
El uso de robots militares terrestres -hoy limitado a la desactivación de explosivos- podría generalizarse, aunque el combate cuerpo a cuerpo entre máquinas y personas sigue siendo un tabú. Pero ya hay voces que proponen su uso para proteger el patrimonio cultural. Y por qué no también convoyes humanitarios, campos de refugiados, hospitales y museos? De momento serían robots con algún tipo de control humano, pero irán ganando autonomía, sobre todo cuando garanticen que son capaces de distinguir a los civiles y de reconocer el fuego amigo.
Pero cómo se ‘fabrica’ un terrorista? Entender sus procesos mentales también es una manera de combatir al enemigo. Los genes pueden decirnos mucho. Los laboratorios de la Universidad Vanderbilt han identificado una variante en el cromosoma X. Se trata de una enzima que tiene una función crucial en el control de los impulsos. Muchos comportamientos violentos están relacionados con la incapacidad de administrar los circuitos de recompensa cerebral, una deficiencia propia de los adictos. Y la neurociencia? Kent Kiehl, de la Universidad de Nuevo México, ha metido en un escáner de resonancia magnética a cuatro mil presos de ocho cárceles y ha descubierto que los psicópatas registran menor actividad en la sustancia gris y sus amígdalas cerebrales son más pequeñas. «En resumen, tienen cerebros diferentes».

Los psicólogos y antropólogos estudian cómo desprogramar a los terroristas

¿Y si no fueran tan diferentes? ¿Cómo es posible que los radicales hayan reclutado a treinta mil jóvenes nacidos en países occidentales en los últimos cinco años? ¿Por qué causa tanta fascinación la crueldad extrema? Dounia Bouzar, antropóloga, ha identificado cuatro fases en la captación de los seguidores del ISIS. «La primera es aislarlos de su familia, amigos, instituto; la segunda es imbuirles la idea de que han sido elegidos; la tercera es hacerles creer que son puros y no deben ser contaminados por los que están fuera de su grupo; y la cuarta es la deshumanización». Reprogramarlos, esto es, volver a humanizarlos, es un proceso arduo en el que no funciona la razón, solo los sentimientos. «Hay que volver a conectarlos emocionalmente con su gente y con su entorno».


LA PERSONALIDAD TERRORISTA

¿Por qué muchos yihadistas son ingenieros?

Umar Faruk Abdulmu-tallan intentó hacer saltar por los aires un Airbus con los explosivos que llevaba en su ropa interior. Seifedine Rezgui mató a 38 turistas en una playa de Túnez. Najim Laarchraou detonó una de las bombas en el aeropuerto de Bruselas… Los tres eran ingenieros. Es un retrato robot inesperado. Pero lo más sorprendente es que el 45 por ciento de los terroristas musulmanes con formación superior son ingenieros.
Así lo exponen el sociólogo Diego Gambetta, de Oxford, y el politólogo Steffen Hertog, de la London School of Economics, que han investigado las biografías de unos 4000 yihadistas. «La cantidad de ingenieros es algo que nos intrigó mucho. No es una profesión que uno asocie con un movimiento religioso», explican. Son carreras técnicas, que precisan de una mente analítica.

¿Por qué ingenieros? La respuesta fácil sería sospechar que una organización terrorista necesita gente que sepa distinguir una mecha detonadora de un cordón de zapato. Pero esto no es así. Para fabricar artefactos explosivos no hace falta tener estudios.

La hipótesis es más compleja. Según Gambetta y Hertog, el elevado porcentaje de ingenieros responde al fenómeno de la privación relativa. Este término hace referencia al sentimiento de no recibir aquello a lo que uno cree tener derecho. En los pujantes países árabes de los años cincuenta y sesenta, la profesión de ingeniero gozaba de un estatus elevado. Los ingenieros desempeñaron un papel clave en la modernización de estos países.

Entre los terroristas apenas hay teólogos o estudiantes de humanidades

Hoy, los ingenieros carecen de posibilidades de realización personal debido a la catástrofe social que afecta a estos países. En ellos se refleja el choque entre la ambición y el fracaso, entre la convicción de tener una tarea por hacer y la imposibilidad de llevarla a cabo. En el mundo islámico, los ingenieros constituyen un grupo que ha visto frustradas sus pretensiones de convertirse en una élite.

¿Y en Occidente? El porcentaje de ingenieros entre los yihadistas también es muy alto y esto no se puede explicar en Occidente por la privación relativa, porque un ingeniero, a pesar de la crisis económica, tiene bastantes posibilidades de llevar una vida exitosa.
Gambetta y Hertog no encuentran una razón que explique este hecho, pero afirman que muchas de las cosas que se pueden decir sobre los terroristas islámicos también son aplicables a los terroristas de extrema derecha. Qué comparten? Un fuerte sentimiento de ‘asco’ y de necesidad de orden. Nada une tanto a islamistas y neonazis como el convencimiento de que la pureza cultural de su país o su fe está amenazada. Además, sienten aversión hacia la ambigüedad, de ahí su homofobia. Otra curiosidad del estudio. no hay ingenieros entre los grupos de extrema izquierda, que reclutan en las carreras de letras.


LA GUERRA EN LAS REDES SOCIALES

Telegram, la red favorita de los islamistas

Los terroristas también aprovechan los avances tecnológicos.

Twitter ha cerrado 360.000 cuentas del ISIS en el último año, aunque todavía hay unas 46.000 activas. Pero los yihadistas se están pasando en masa a Telegram, sobre todo desde que lanzó los canales privados en 2015. Un 34 por ciento de las comunicaciones entre simpatizan-tes del Estado Islámico usa esta aplicación de mensajería que fue creada por el ruso Pável Durov, obsesionado con ‘fastidiar’ a Putin con un chat impenetrable. Durov fue el pionero en usar el cifrado de extremo a extremo.
Y los mensajes se autodestruyen en lapsos que oscilan entre dos segundos y una semana.
Otros chats muy utilizados por el terrorismo islámico son Signal, Wickr y Threema, que prometen una seguridad de grado militar. Y también WhatsApp (Facebook) desde que implementó cifrado de extremo a extremo. Para compartir vídeos de atentados o decapitaciones usan LiveLeak. Otros proveedores son Mail2Tor y Sigaint, que aprovechan el anonimato de la web profunda para blindar sus comunicaciones.